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Salud y Autocuidado

«Cuerpos vemos, salud mental y buenos hábitos…¡desconocemos!»

La salud no sólo es ausencia de enfermedad, ni comer bien y hacer ejercicio.

Más allá de la adecuada alimentación y el deporte, lejos de la báscula y del mero culto al cuerpo: el descanso, un entorno laboral adecuado, contar relaciones sociales satisfactorias, tener hobbies-motivaciones y, sobre todo, tener una adecuada gestión emocional.

  • ¿Sientes que llevas toda la vida controlando lo que comes por miedo a engordar?

  • ¿Sientes que tu imagen corporal te hace sentir insegura y ves como afecta a tu autoestima y a tu estado anímico?

  • ¿Has sentido odio o rechazo hacia ti misma por no verte bien en el espejo?

Si la respuesta es sí, quizá estés en el camino equivocado.

Desde la perspectiva del auto-cuidado, de la CONSCIENCIA, escuchando nuestras necesidades, aprendiendo a identificar y a gestionar nuestras emociones se suelen conseguir cambios más saludables y llevaderos que los que, por desgracia, estamos acostumbrados a ver. Vivimos en una sociedad donde el culto al cuerpo, los batidos adelgazantes y las dietas milagro son la norma, y desde bien pequeños estamos expuestos a estos mensajes que a la larga acaban provocándonos mucho sufrimiento y pérdida de salud.

Alimentarnos de forma saludable es importante pero la conducta alimenticia es compleja, no es todo o nada; ni blanco ni negro. La ausencia de flexibilidad, a la hora de comer y de elegir determinados alimentos, está generando comportamientos rígidos, obsesivos e igualmente patológicos, también en dietas consideradas saludables por los propios nutricionistas como las famosas “REAL FOOD”, la DIETA KETO o el AYUNO INTERMITENTE.

Comer de forma saludable no es sólo ingerir alimentos altamente nutritivos, es también tener una relación sana con la comida. Así que el cómo, cuándo y por qué los ingieres, es igual o más importante para la salud.

  • ¿Haces deporte para compensar los excesos alimenticios?

  • ¿Sólo entrenas para adelgazar y para intentar cambiar el tamaño y la forma de tu cuerpo?

  • ¿Consigues motivarte y disfrutar del deporte si sólo lo enfocas a los consecuencias en tu aspecto físico?

  • ¿Haces deporte tan sólo por objetivos estéticos?

  • ¿Piensas que si entrenas FUERZA se te va a ver musculosa y grande?

Quizás sea momento de ver el movimiento desde otras perspectivas…

Está demostrado que hacer deporte a lo largo de nuestra vida de manera continuada mejora nuestro sistema inmunitario, óseo y nuestra movilidad; paliando los efectos del envejecimiento.

El objetivo prioritario de hacer deporte-de moverse no puede ser perder peso.Tiene que ser algo que se disfrute y que se pueda mantener en el tiempo.

Movernos para sentirnos bien y para agradecer lo que nuestro cuerpo puede hacer y no como castigo o para «compensar» un exceso de comida.

Baila, entrena fuerza, camina, monta en bicicleta, patina, nada, haz cualquier ejercicio cardiovascular… lo que te guste, lo que puedas, lo que más se adapta a ti y a tus necesidades-circunstancias. Que se convierta en un premio, un espacio para ti, para tu disfrute, para desconectar y conectar contigo y con tu cuerpo: porque lo quieres y no porque lo odias.

El fin de crear un hábito como hacer deporte no puede ser cambiar tu cuerpo; puede ser una consecuencia del mismo, pero ni la única, ni la más importante.

  • ¿No te gusta tu cuerpo?

  • ¿Llevas la mayor parte de tu vida intentando cambiarlo?

  • Si alguna vez lo conseguiste, ¿llegaste a estar completamente satisfecho o siempre faltaba algo más?

Hemos crecido en una sociedad de culto al cuerpo, en la que se valora la imagen física sobreponiéndola por encima de cualquier otra cualidad o atributo humano.

El cine, la televisión y la publicidad tan sólo ha representado a una minoría de la población: modelos simétricos, delgados, sin arrugas, sin estrías, sin celulitis, sin granos, sin pelos… en definitiva, sin lo que ellos mismos llamarían ¡defectos!.

¿Conocéis a muchas personas satisfechas con su cuerpo? Yo, por desgracia… ¡NO!.

Esta -única- imagen que nos han impuesto, ha hecho muy difícil que nos aceptemos si consideramos que lo NORMAL es este tipo de cuerpos; e inconscientemente, nos han hecho creer que es el único camino o uno de los importantes si queremos ser aceptados y encajar con lo que se espera de nosotros.

La insatisfacción corporal suele conllevar numerosos trastornos de la conducta alimentaria, baja autoestima, auto-concepto sesgado, problemas en las relaciones con los demás y sobre todo, con la relación con uno mismo y con el amor propio.

Curiosamente, esto se trabaja en terapia y no cambiando el cuerpo si no… ¡nuestra mente! nuestros esquemas y nuestras resistencias.

  • ¿Sientes que no controlas tus emociones y la respuesta más habitual a ellas es COMER?

  • ¿Te gustaría conocer otros enfoques y otras maneras de reaccionar ante situaciones que te causan ira o frustración?

  • ¿Crees que vives en un círculo permanente -siendo la comida protagonista bien como causa o como consecuencia- de ansiedad, tristeza y de estrés del  no puedes salir?

Las emociones (alegría, tristeza, miedo, ira, sorpresa…) son reacciones que como humanos experimentamos, convivimos con ellas y hay momentos que necesitamos herramientas y apoyo pasa saber gestionarlas.

No pasa nada porque un día que estemos más nerviosos -por cualquier motivo- y, como consecuencia a nuestro estado emocional, hayamos comido más; también puede ser, que hayamos tenido un mal día y como nos sentimos tristes o enfadados, nos queramos dar un capricho «alimenticio» para paliar nuestras sensación de malestar. Dos ejemplos sanos, esporádicos y adaptados a unas circunstancias concretas.

El problema está cuando la respuesta emocional a casi todo lo que nos pasa, es acudir a la nevera; que sea la única  opción-reacción utilizada; que sea la comida la solución y el problema a la vez.

No podemos obviar que comer nos genera satisfacción, la comida es un reforzador y comer algo que nos gusta nos provoca placer y eso, no tiene por qué cambiar.

Utilizar la comida, con consciencia y desde la atención a nuestras necesidades, puede ser algo sano y que forme parte de nuestra propia escucha y autocuidado.

Es importante conocernos, analizar qué es lo que nos pasa; antes, después y durante la emoción y  sobre todo, que tengamos alternativas: la comida no puede ser la única respuesta emocional.  Es insano cuando se convierte nuestra única fuente de refuerzo o de «castigo»; cuando no sabemos disfrutar y el extremo comer-no comer domina y condiciona nuestra vida. Es en este punto dónde empieza mi trabajo, en cambiar el enfoque del problema.

En nuestra sociedad, casi todo -por no decir todo-, está vinculado a la comida; quedamos o nos reunimos rodeados de comida y/o bebida.  La comida suele ser un refuerzo, una motivación y forma parte de la forma de relaciones con nosotros mismos y con los demás.

  • ¿Te despiertas varias veces por la noche? ¿te levantas cansado a pesar de dormir bastantes horas?

  • ¿No eres capaz de desconectar del trabajo y sientes que no descansas adecuadamente?

  • ¿Te sientes culpable si descansas porque crees que pierdes un tiempo que podrías dedicarle a otras cosas?

Conseguir descansar, dormir adecuadamente, saber relajarse-centrarse en una tarea, tener espacios en el día a día -aunque sean unos minutos- para saber estar en silencio, alejados de pantallas y de dispositivos, relajados y conectados a nuestros mismos, son aspectos a los que no se les suele dar la importancia que tienen en nuestro bienestar.

PARAR, dejar de ir en automático, en multitarea… DES-conectar para CONECTAR con uno mismo puede ayudarnos en nuestra vida cotidiana, sobre todo, porque aprendemos a conocer nuestro estado de ánimo, nuestras necesidades y actuar en consecuencia; facilitando nuestro control emocional.

  • ¿Sientes que cada vez te cuesta más conectar con la gente?

  • ¿Sentirte solo -que es no es lo mismo que estarlo- te genera tristeza o ansiedad? 

En estos tiempos de pandemia que hemos tenido que prescindir de contacto con nuestros familiares y amigos; en los que apenas hemos podido relacionarnos, hemos sido aún más conscientes de lo importante que es tener personas cerca que sumen, con las que podamos compartir nuestro tiempo.

No hablamos de viajes, festivales ni acontecimientos «grandiosas»; si no de una buena conversación, una cena, una cerveza al sol en una terraza, un paseo por el parque, una película, una actividad compartida en el gimnasio… pequeñas cosas de nuestro día a día: tiempo compartido de calidad.

Sin estas personas-sin este tipo de relaciones en nuestras vidas… ¿se diría que tenemos SALUD?.

El ser humano es el ser social por excelencia; tener relaciones sociales de calidad y saber relacionarse supone un aporte de bienestar y de satisfacción.