Psicología de la Alimentación2017-04-24T21:03:54+02:00

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Psicología de la alimentación

La mayoría de los casos de sobrepeso (que no estén provocados por problemas clínicos como patologías endocrinas, diabetes, etc.), se deben, principalmente a razones psico-emocionales cuya consecuencia es una mala relación con nuestra alimentación. Utilizando la comida como una vía de escape, un alivio a nuestros problemas, un reforzador y un medio que utilizamos para liberar nuestra tensión, nuestras preocupaciones y frustraciones de nuestra vida diaria.

¿Qué supone? En lugar de aliviarnos o liberarnos –que es el objetivo que suele justificar nuestro descontrol– en la mayoría de las ocasiones, nos hace sentir dependientes, esclavos e indefensos, provocándonos una sensación incómoda, frustración y unas emociones que poco ayudan a sentirnos bien con nosotros mismos y dañan nuestra propia estima.

Quizás te estés preguntando… ¿por qué yo te puedo ayudar?

A veces, por el simple hecho de haber vivido o sufrido algo, somos más conscientes de cómo se puede sentir el otro, siendo más fácil empatizar y ayudar por la propia experiencia. Pues éste es mi caso y el motivo principal por el cual creo que te puedo ayudar, ya que desde que tengo uso de razón, mi vida ha estado marcada por la palabra “Dieta”, ya sea por las que me imponían los médicos o yo misma.

En función de cómo me sintiera con los problemas del día a día, iba siendo más rigurosa con la dieta o al contrario, concediéndome permisos y premios en forma de comida, por lo tanto flexibilizaba la dieta o simplemente, me la saltaba. Alguna semana perdía peso, el fin de semana lo recuperaba… y así durante muchos años; pero, la conclusión es que siempre vivía en el sacrificio alterno y NUNCA conseguía mis objetivos,  convirtiéndose en un bucle vicioso, donde cada lunes iniciaba un nuevo intento ¡fallido!.

Un día, tomando algo con una de mis mejores amigas, una de estas personas que su mayor defecto o virtud (según se mire) es su sinceridad me dijo: “María, desde que te conozco estás a dieta, ¿no crees que algo estás haciendo mal?”. Puede parecer simple o absurdo pero así, tal cómo me lo planteaba no había analizado el tema JAMÁS. No os voy a engañar, me dolió, me sorprendió pero a la vez, me hizo pensar: cierto, tiene razón, ¡algo va mal! si intento incansablemente algo que no consigo, algo tengo que CAMBIAR. “Cambio”, esa gran palabra que me encanta y que tan feliz nos hace decir: ¡he podido cambiar!. Pedí ayuda a un profesional para que me orientara en mi proceso, y eso hice, CAMBIAR. Parece fácil pero casi [email protected] sabemos que no lo es, por eso, creo que puedo entender a alguien que se sienta como yo me he sentido demasiados años de mi vida y apoyarle para que, por fin, tome el control y empiece a sentirse bien consigo mismo.

Soy licenciada en Psicología y estoy especializada en intervención en ansiedad, emociones y salud. Si algo he aprendido (no sólo en los libros) si no, a nivel personal, con mis pacientes y en el día a día es que en la mayor parte de nuestros problemas emocionales se ven reflejados y plasmados, en cómo nos relacionamos con los demás, en nuestra manera de afrontar la vida, el trabajo, los problemas y por supuesto, en nuestra forma de cuidar nuestra salud.

En nuestra sociedad, casi todo -por no decir todo-, está vinculado a la comida; quedamos o nos reunimos rodeados de comida y/o bebida. Vamos a bares, discotecas, restaurantes, a casa de amigos, al cine, a cumpleaños y otras celebraciones y lo que nunca falta es comida y bebida. Este suele ser el gran problema o nuestra gran “excusa”… ¿cómo voy a ir y no voy a comer? ¿por qué yo siempre tengo que ser diferente o el/la [email protected]? Pero aquí es donde creo que está la clave, en estos pensamientos y en cómo nos hacen sentir…¿Seguro que aquí tan sólo influye la mera comida?

Es en este punto dónde empieza mi trabajo, en cambiar el enfoque del problema

En este momento, estoy acompañando a varias personas en su proceso de cambio en el que una de las consecuencias es una gran pérdida de peso pero, no es la única ni la más importante. Cuando somos nosotros los que elegimos cómo vamos a dirigir nuestra vida, cuando marcamos nuestros límites y tomamos las decisiones que más nos convienen, lo que parece un simple cambio en unos determinados comportamientos o hábitos, genera otros, tan positivos o más que la pérdida de peso: salud, control, seguridad en uno mismo y mejora de la autoestima.

Una de las personas que estoy acompañando en su proceso de cambio ha querido escribir lo que está suponiendo en su vida.

Marta tiene 43 años, es una mujer estupenda, agradecida, constante y sobre todo, sincera.  Ha perdido 17kg en muy poquitos meses, exponiéndose a numerosos eventos alimenticios como las Navidades, cenas de amigos, cumpleaños… esto nos cuenta:

Como todos los que tenemos kilos de más, he intentar adelgazar muchas, muchas veces. Unas veces con ayuda de un médico, otras por mi cuenta y otras haciendo alguna dieta rápida. En el mejor de los casos, adelgazaba todos o algunos de los kilos que me proponía y más o menos rápidamente volvía a engordar, otras veces me rendía a los pocos días, o incluso me lo volvía a proponer al día siguiente. Pero invariablemente mi carácter cambiaba, estaba irascible, salía menos y permanentemente estaba pensando en lo que no podía comer. 

Todos sabemos las pautas que hay que seguir, cinco comidas, comida sana, no atiborrarte por la noche y hacer algo de ejercicio. Pero… ¿cuántas veces lo conseguías? Al cabo de un mes volvías al médico y le contabas lo que habías hecho. Pero, como le ibas a contar lo que hacías todos los días.  Más bien hablabas en reglas generales y, para que engañarnos, la memoria no es muy fiable y más cuando no te interesa que lo sea. Adornabas un poco lo que habías hecho en los últimos días, que por supuesto habías sido un poco más buena, fuera verdad o, algo que tú creías que era verdad.

Desde que conozco a María, han cambiado varias de las pautas que había seguido hasta ahora. En primer lugar, soy consciente de lo que hago todos los días, de lo que como, de si es verdad que hago cinco comidas, del ejercicio que hago, de cómo me encuentro de estado de ánimo, e incluso de cómo influyen las actividades que hago en mis pautas de alimentación. O más bien, de cómo influían, porque he descubierto que son cosas independientes: salir con unos amigos, disfrutar de su compañía, o comer sin parar en su compañía porque es un día especial. Por cierto, si es algo especial es porque estás con ellos, no porque puedes comer más. Además, cuando comes, hablas menos.

Además, María no sólo me ayuda en la labor de regularme a la hora de comer, si no que me anima a nivel personal, de modo que el carácter no te cambia y sigues siendo tú, sólo que además cuando te miras al espejo o das un paseo o subes escaleras, te encuentras mejor.  Ella está siempre ahí detrás, pero no como una madre omnipresente que te va a dar un azote si te portas mal, si no como alguien que te dice lo que estás haciendo bien o lo puedes hacer mejor, pero siempre animándote. 

Curiosamente, una amiga me dijo, “pero es una tontería, porque le puedes mentir”. Me llamó la atención, porque tomé conciencia de que, aunque en algún momento me lo había planteado, no me resultaba necesario. Cuando no te regañan como si fueras una niña pequeña, no tienes necesidad de mentir a nadie, ni siquiera a ti misma, porque ahora soy responsable de mi misma y hay alguien que me hace tomar conciencia de ello. Además, los esfuerzos que haces tienen un resultado, que no es efímero;  y cuando estás en esos momentos de calma chicha en el que puedes perder las ganas de seguir esforzándote, te recuerda que esos momentos son normales y, que si persistes, pasan y tu objetivo cada vez está más cerca

Realmente, es la primera vez que no le tengo miedo a que pasará el día de mañana si no estoy prestando toda mi atención a lo que estoy comiendo. Porque ahora veo la perspectiva de poder salir con mis amigos, o de salir a cenar con mi pareja sin sufrir por no poder comer, o sin sufrir porque me he excedido (curiosamente hasta al excederme lo hago de forma moderada y disfrutando, no sintiendo remordimientos después) y este nuevo punto de vista me lo ha proporcionado María.

Gracias por tus palabras y… ¡enhorabuena por tu gran trabajo!.