Buenas tardes,

A veces las obligaciones/compromisos laborales y las circunstancias personales me impiden que pueda sacar más tiempo para actualizar el blog pero hoy…¡lo he conseguido! ;).

Ha sido un periodo de grandes cambios: de pérdidas, de reconciliaciones familiares, de amigos que se alejan geográficamente… como casi siempre en la vida, de buenas noticias mezcladas con otras dolorosas y con las que hay que aprender a vivir.

Centrándome en el contenido, en esta entrada quería rescatar un tema que nos suele afectar a [email protected], a unos de una manera más intensa y recurrente y a otros tan sólo como algo esporádico. Gracias a estos consejos que Elsa explica en el siguiente vídeo, seguro que podemos conocer mejor ante qué, quiénes y por qué nos estresamos en nuestra vida diaria y qué estrategias podemos llevar a cabo para atenuar las emociones asociadas al estrés.

Me gusta su planteamiento porque su fundamento es una técnica muy utilizada en la terapia cognitivo-conductual: el autorregistro. Este tipo de obtención de información, no sólo nos posibilita conocer qué va antes, qué va después y qué emociones nos generan determinadas situaciones si no qué, podemos encontrar pensamientos automáticos asociados a esas situaciones que,  en realidad, son los que intensifican nuestras emociones y casi siempre, el verdadero origen de nuestra frustración y de nuestro enfado.

Dicen que el estrés es bueno y necesario, al menos en pequeñas dosis. Pero… ¿qué pasa con esa llamada zona de seguridad o de confort? ¿qué pasa cuando controlamos las demandas del entorno y éste apenas nos llama la atención?.

Sí, esto puede ser «ausencia insana de estrés», «habituación» o «desmotivación».

Tengo una amiga que estas últimas semanas me dice que le de alguna pauta para vencer la desmotivación que sufre y es precisamente por esto: domina el entorno laboral en el que trabaja y siente esa parte de indefensión hacia lo que evalúa como rutinario y no ve salida o posibilidad de crecer o de avanzar en este «nivel». Aquí podríamos decir que le falta «estrés/motivación».

Estas sensaciones son frecuentes en personas inconformistas. Quizás la solución esté en buscar alternativas motivacionales externas al foco de frustraciones, en este caso, ajenas al trabajo; opciones más orientadas a hobbies o a otras actividades que puedan resultar placenteras o con las que se aprenda algo nuevo. Creando mini-metas que puedan ser objetivables y que, con el paso de los días se pueda ir valorando el grado de cumplimiento o no de las mismas.  En cualquier caso, requiere un compromiso con uno mismo de cambio y paciencia; al menos de 21 días que dicen los expertos que es lo que necesitamos para instaurar nuevos hábitos o romperlos.

¿Nos damos 21 para intentar algo? 😉